Descubrí que no tengo amo y que lo que más amo es mi libertad. Entré a su habitación siguiendo sus pasos, el brillo de sus ojos, opaco por el tiempo que lo dejó atrás en el vestíbulo de su laberinto, no quiso mirarme. No hay nada más por hacer. Sobre las córneas de lo invisible me elevé sobre la piel de pálido decoro que me estremece. Lamí sus venas para alcoholizarme y su debilidad se evaporó en mi lengua. Dos gotas en cada fosa nasal surtieron el veneno y mis lágrimas deshicieron tres capas de mi piel para lavarme las manos. Lloré por dentro y por fuera su partida, mi corazón se entristeció y al día siguiente se levantó clara mi conciencia. Soy libre, mi piel vi renovarse, desparecieron las marcas de mi rostro y el tiempo volvió a voltearse, estoy en el presente de nuevo. Recibí la llamada del futuro el mismo día e inmediatamente encontré a uno de sus fantasmas, no hay duda, se acerca la siguiente prueba.
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