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Amarré sus ombligos y ahora no puedo separarlos, la raíz muere y no quiero que tenga frutos. Quiero celebrar el doble funeral de sus cabezas bicéfalas. En el rio de sangre no encontré esperma, son estériles sus sonrisas. No hay máscaras, son sus propios rostros petrificados. Lanzaré sus cuerpos al mar embalsamados en flores de cristal y los rayos del sol los cremarán cuando el prisma libere el arcoíris de mi iris. Adiós a mí mientras la serpiente que muta duerme enroscada hasta la nueva luna. Siento la paz del preludio de una tormenta y huele a sal la brisa que respiro. Los vientos me besan los tobillos para refrescarme los bríos antes de que encuentre mi cuchillo.
Eran un viejo y un niño gemelos, conjuré una telaraña de sus venas y caminan de espaldas en el mismo círculo, los veo desde arriba cambiar de fase lunar y me pregunto qué hago en este juego predecible. Llevo semanas limando mis uñas y meditando sobre el futuro. El espejo ha desparecido y no tengo rastro, lo rompí yo misma, no puedo mirarme, cada vez que lo intento me enveneno. Es una maldición fortuita camuflada como bendición. No he bebido agua, no se reseca mi garganta y estoy alimentándome de la eternidad. No reconozco este lugar.
Después de destruir el espejo me quedé sin ojos y mi olfato ha triplicado su radar, tanto así, que escucha el doble que mis oídos. Sus nombres no debo mencionar porque si lo hago se replican mil veces sus reflejos. Tengo que cruzar pronto este laberinto y aún no encuentro el misil que cayó en el oasis, debo desactivarlo tiene intranquilas a mis serpientes. Caminé por horas en un vacío blanco sin calor ni frío y crucé un rio de clavos punzantes que no lastimaron mis pasos. Estoy aprendiendo a no entender porque cuando lo logré sentí el pasto lamiendo la planta de mis pies. Quise agua y de las paredes blancas sangró leche y me sacié. No comprendo los códigos de este mundo que se expande en mi inconsciencia generoso de ofrendas. Mis serpientes comenzaron a morderse unas a otras y supe que el misil estaba cerca. Mis lamentos de antaño se han convertido en la guía de mis sueños.
Un arcángel dormía en una hamaca a la entrada del templo y el oasis no era más que una cantina de muertos. Tengo la mejor suerte del universo no hay nada que matar en este infierno. El táctil misil que emanaba rayos ultravioleta deshizo mis cabellos y perdí contacto con el viento. Fulminadas mis serpientes me quedé ciega de otro de mis ojos ciegos. Tomé el misil de las caderas que bamboleaba una bailarina sin risa y toqué su piel de pantera húmeda de capas radioactivas de sudor para persignarme, me sonrió, estiró sus alas y su cola de serpiente y me susurró tres palabras con las que camino en la mente: No lo entierres.
El no lo sabía, ni yo, en cierta forma. Fui detrás de sus pasos con las señas que saqué de los bolsillos de la misma princesa. Cuando lo divisé supe que era él y decidí satisfacer mi curiosidad. Me puse mi sombrero y le salí al paso como si no hubiera estado planeando el encuentro. No me impresionó mucho, carecía del magnetismo que buscaba y no me pareció atractivo. Mordió el anzuelo y fue detrás de mi pretensión de no notarlo, estaba hecho. Mi cómplice, inteligentemente, arregló una visita y nos desplazamos en su batimóvil a su casa. Lo observé haciendo sigilosos movimientos de don Juan, no me impresionó su música, bastante desactualizada, poco experimental…mmm no estaba muy convencida, me saqué el sombrero y puse el espejo sobre la mesa para ver qué pasaba. Una botella de ron en el medio y mi flagrante agresividad tomó cuerpo. Al toro por los cachos sin capa, adoro el filo de los cuernos. Me gustó el juego, los grados de alcohol debieron haber hecho su parte, seguro. Quedé fascinada con la lluvia neuronal…de esa pata cojeo…y el espejo atrapó el reflejo. El documento quedó firmado. Las semanas siguientes las flores surtieron la fantasía flashback, volví a ver los ojos del lobo que extraño y que murió hace cien años. Quería ver su cara y sentir sus besos desgarrarme el alma. La dimensión del espejo se comenzó a cerrar, me perdí en el sueño y quise quedarme a verlo un rato más, no comprendí la advertencia. Las paredes comenzaron a sangrar, el infrasonido a desencajarme los huesos y volví a perder la razón. Bebí el mismo veneno y no me importó, extrañaba ese sabor. Entré en su cueva, me metí debajo de su piel y la fiera salió a defenderse con uñas y dientes tras de mí. Saqué mi espejo y lo rompí. El pasado no existe. Perturbé el tiempo con mi malicia demente y le hice una trampa de vanidad al reloj. Extraño los rasguños de ese animal que no podré resucitar.
Sandalias. Voy a tener que comer de la galleta gigante. Este charco por el que ya tropecé me salpicó un boomerang. Observo impávida los gusarapos de su agua verde y anudo los cordones de mis zapatos. La carrera recién empieza y no existen más atajos que me distraigan del camino, debo agudizar mis sentidos con más humo sagrado. El ritual se aproxima y ya se partió la primera piedra, todo cae por su propio peso y voy a ver sobre mis manos descender las plumas. Ubícalas sobre mi espalda cariño quiero beber tus medias de seda.
15. El tabaco se abre y la ceniza cae de un solo lado. La balanza dicta las coordenadas. Dejé inscrita la lápida de un suicidio para acelerar el renacimiento. Voy a olvidar los malabares con fuego y guardar el material pirotécnico para mi garganta. El virus está muriendo y expulso las últimas flemas de mis pulmones…estos cambios de clima. El sol completa su órbita y suenan petardos por las noches, siento las capas de mi piel mudando un incierto otra vez. Recolecto cuchillos de la pared y los guardo debajo de mis uñas para no olvidarlos. Vale si acarician al revés. Espero verme al espejo otra vez, sin fiestas rosas ni canapés.
Copycat. Tu sombra se oculta detrás de los reflejos. Desde que bajaste de tu trono, sin darme cuenta, busco el mismo estampado. Volví a sentir tu sabor en sus miedos y sufrí un empacho de caramelos. De repente estoy de nuevo en ese patio, detrás de las cortinas de tu cuarto, observando la escena de un juego de cartas que no se jugar. Todo se aclara y aparece ante mis ojos un impostor. Al apagarse la luz del teatro la salida es evidente. Esta película ya la vi, tiene dañado el final, DVD pirata de porquería! Limo mis uñas y vuelvo a ver el reloj. Llevo una semana de atraso. El círculo se completó y no tengo nada más que enseñar, tengo que empezar a aprender a jugar a ciegas de una vez.
Otra vez. Es igual. Debe ser mi obsesión con los espejos. Esta vez puedo ver el tablero de ajedrez, me vale ganar, el rey y la reina no son piezas que me interese defender. Me gusta más la idea de caballos en un tablero en blanco. Paso, me voy a montar. Sus besos reprimidos eran mi mayor sospecha, mi curiosidad es un motor encendido y no pude evitar desplumarlo por completo, debajo solo encontré su inseguridad. Exprimí mis ojos y obtuve un cristal con el que hice un anillo para marcar el aniversario de un aborto no nato.
Fontainebleau. Me estalla el brillo en los ojos cuando me aletea tu coqueteo. Lo sospeché desde un principio. Chanfle! Que divertido! Me haces cosquillas y se me escapan las sonrisas con el más ligero roce en el que intercambiamos energía. Sabes de qué se trata…se nota en tus mañas y tus besos desbocados que muerden. Que divertido…me tripié la habitación de las cortinas blancas con el silencio nocturno del centro esperando el caos de la mañana.
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Estás dentro de mi como yo de ti. Tu efigie es mi espejo y me asusta su reflejo.
No me mires más.


