DelauraPaz


Los amantes de Medusa
Abril 29, 2009, 5:05 pm
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Amarré sus ombligos y ahora no puedo separarlos, la raíz muere y no quiero que tenga frutos. Quiero celebrar el doble funeral de sus cabezas bicéfalas. En el rio de sangre no encontré esperma, son estériles sus sonrisas. No hay máscaras, son sus propios rostros petrificados. Lanzaré sus cuerpos al mar embalsamados en flores de cristal y los rayos del sol los cremarán cuando el prisma libere el arcoíris de mi iris. Adiós a mí mientras la serpiente que muta duerme enroscada hasta la nueva luna. Siento la paz del preludio de una tormenta y huele a sal la brisa que respiro. Los vientos me besan los tobillos para refrescarme los bríos antes de que encuentre mi cuchillo.

Eran un viejo y un niño gemelos, conjuré una telaraña de sus venas y caminan de espaldas en el mismo círculo, los veo desde arriba cambiar de fase lunar y me pregunto qué hago en este juego predecible. Llevo semanas limando mis uñas y meditando sobre el futuro. El espejo ha desparecido y no tengo rastro, lo rompí yo misma, no puedo mirarme, cada vez que lo intento me enveneno. Es una maldición fortuita camuflada como bendición. No he bebido agua, no se reseca mi garganta y estoy alimentándome de la eternidad. No reconozco este lugar.

Después de destruir el espejo me quedé sin ojos y mi olfato ha triplicado su radar, tanto así, que escucha el doble que mis oídos. Sus nombres no debo mencionar porque si lo hago se replican mil veces sus reflejos. Tengo que cruzar pronto este laberinto y aún no encuentro el misil que cayó en el oasis, debo desactivarlo tiene intranquilas a mis serpientes. Caminé por horas en un vacío blanco sin calor ni frío y crucé un rio de clavos punzantes que no lastimaron mis pasos. Estoy aprendiendo a no entender porque cuando lo logré sentí el pasto lamiendo la planta de mis pies. Quise agua y de las paredes blancas sangró leche y me sacié. No comprendo los códigos de este mundo que se expande en mi inconsciencia generoso de ofrendas. Mis serpientes comenzaron a morderse unas a otras y supe que el misil estaba cerca. Mis lamentos de antaño se han convertido en la guía de mis sueños.

Un arcángel dormía en una hamaca a la entrada del templo y el oasis no era más que una cantina de muertos. Tengo la mejor suerte del universo no hay nada que matar en este infierno. El táctil misil que emanaba rayos ultravioleta deshizo mis cabellos y perdí contacto con el viento. Fulminadas mis serpientes me quedé ciega de otro de mis ojos ciegos. Tomé el misil de las caderas que bamboleaba una bailarina sin risa y toqué su piel de pantera húmeda de capas radioactivas de sudor para persignarme, me sonrió, estiró sus alas y su cola de serpiente y me susurró tres palabras con las que camino en la mente: No lo entierres.


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Espacio tiempo
Abril 15, 2009, 2:32 am
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Mi dueño viene por mí y quien calentaba mi cama desenvainó su espada. Sorprendido por la magia del hurto que desheredó su casta, me miró con tristeza. A dónde vas? Por qué te vas ahora? Con la liviana pena de la resignación, le contesté: No me voy porque he estado aquí siempre y desparezco porque el tiempo abrió el túnel del pasado que es tu futuro y mi presente. No entiendo a que te refieres? Me refiero a que no estás aquí conmigo, me refiero a que estuviste en un pasado futuro y hoy vienes a verme, tú mismo, a través del tiempo.


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Irene
Diciembre 9, 2008, 4:43 am
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Muero parada en la angustia de esta perpetradora espera. Mi nerviosismo se incrementa y se mezcla con la idea de perderla. Vivir la sombra de este momento es la estocada final de una vida cargando un cuchillo. Acaba de cruzar el umbral a donde no la voy a poder acompañar y no sé cómo manejar el dolor de esta certeza. En la habitación están los más cercanos y el final puede ser un bizarro lapso entre horas y días. Oculta tras el margen te veo en silencio alejarte con tu calma flotante. Quisiera poder tocarte.
-Mamá cual es el momento más bonito que recuerdas?
-Recuerdo que pasamos días hermosos en los que me sentí protegida. Tú sabes lo difícil que soy para dejarme cuidar, me pesa sentirme débil, pero dejarme se sentía natural. Sus ojos eran un espejo radiante que nos envolvía en un solo ser. Hoy es nuestro aniversario.
Mis lágrimas se escapaban sin parar y estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no perder mi equilibrio.
- De quién hablas mamá? Madre? Mamá…
Un momento de silencio dejo ir sus palabras con el viento y el sol inundó la habitación. Todos estuvimos tranquilos a pesar del incontenible llanto. El vacío de su espacio se impregna indeleble. Pasaron los días y nos reunimos para recoger sus cosas.
-No entiendo las últimas palabras de mi madre. Tú has sido su amiga toda la vida. Sabes a quién se refería?
-No. No lo sé.
-La extraño mucho.
-Yo también.


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Con las 20 uñas de los 20 dedos
Diciembre 9, 2008, 4:21 am
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Entré al bar y la vi sentada con un antifaz. Un fuego lunar me dejó ciego. Me perturbaron las palabras que me dijo ayer. De qué está hecho este monstruo? Desperté y vi mi reloj. Habían pasado ya dos horas. Salí corriendo a bañarme y en el camino decidí devolverme sin sacarme las chancletas. Estaba lloviendo, era un desastre. El paraguas voló con el primer viento, ahora entiendo tu sonrisa cuando te mostré lo que había comprado. Santa cachucha Batman! Ahora sí vas a matarme. Llegué al parqueadero del edificio y estabas empapada y muy cabreada. Subiste dando un portazo y tu carita enfurecida solo me hacía pensar en llegar más rápido para desnudarte. El silencio era mortal. Esto no sonaba bien. Llegamos a la casa y ni siquiera me miraste. Escuché la ducha abrirse y el vapor salir del baño. Una perfecta oportunidad para mí. Me desvestí  y entré a la ducha. Que hace aquí este infeliz! Pelear así es imposible. Hijo de puta! Comenzó a besarme y sólo sé que terminamos mojados en la cama. A la mañana  siguiente me despierto como si todo me encantara, hasta el dolor con el que quedó mi cuerpo después de la batalla.

-Mi amor tienes mis medias en la lavandería? -

-Sí, están ahí, búscalas – respondí.

Hasta ahí conservo la cinta con ese clip para nunca olvidarme que siempre termina así. Quieres que te ponga más aceite en la espalda? Sólo eso extraño de ti.


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AMANECER
Agosto 28, 2008, 11:44 am
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Risas, miradas profundas y besos criminales. La sangre a borbotones nubla la conciencia, el tiempo y el espacio. Estamos en la calle, tres de la madrugada y este rincón parece un triángulo invisible, no puedo más, no puede más, estamos por devorarnos como dos fieras hambrientas que salieron a matar. Una ráfaga de conciencia nos lleva a tomar un taxi rumbo a la habitación más próxima de los alrededores. En una burbuja de espera formal efervece el deseo que se avecina y escucho discretamente las recomendaciones de seguridad personal que el precavido recepcionista le hace a mi próximo amante. Dentro del ascensor, frente al espejo, bajo la luz fluorescente, nos damos un beso aperitivo intenso, al abrirse el ascensor, descubrimos un laberinto de pasillos de sórdido aspecto y la curiosidad del escenario se apodera de la pasión por un segundo. Subimos una escalera de caracol que conduce entre las sombras a otro piso y finalmente llegamos a una puerta de madera sin acabado alguno. Dentro de la habitación, casi del tamaño de un closet, una ventana ilumina una sencilla y desdeñosa cama. La tregua acaba. Al cruzar el umbral las paredes se mimetizan con la selva y la ley del más fuerte se impone como un reto salvaje. Dos predadores cara a cara, desafiantes y jadeantes. La lucha cuerpo a cuerpo es descarnada, sólo uno de los dos saldrá vivo. Uñas y dientes se apoderan de la presa. La tibieza de su sangre, ese sabor a sal y olor fuerte de testosterona animal suben los niveles de mi instinto criminal. Una idea fija en mi mente se instala como un comando dictatorial, devorar, devorar… y escucho, como música en mis oídos, súplicas de más. Yo también quiero más. La lucha se torna casi violenta y por momentos siento miedo. Su fuerza me subyuga y el nivel de placer ensordece mis sentidos. Me provoca comer de sus entrañas. Mis pupilas dilatadas doblegan la fuerza de mi presa que me muestra su cuello sutilmente rendido y susurro en su oído -te voy a matar-. El desafío agudiza los instintos más feroces de mi oponente, que destroza mis costillas con sus manos. El crujir de mi hemorragia interna desata más violencia. Las paredes atizan mi espalda y mi costado. Dentro, lo siento desgarrándome con cada estocada. Han pasado horas y la batalla empieza a agotarme, de las gotas de su sudor bebo para recuperarme y en el agotamiento encuentro reservas de fuerza que inesperadamente voltean a mi presa sobre su espalda, vulnerable, atrapado entre mis piernas, lo tengo, nuevamente, bajo mi control. El sabor del triunfo se apodera de mí y un egoísta deseo me ciega, el hambre es ahora una angustia despiadada que viaja a la velocidad de la luz y un grito que rompe las barreras del sonido me inunda de satisfacción. La calma silente me despelleja en pétalos de seda y me deposita lentamente sobre la gravedad del suelo. Abro los ojos, me asusta mi monstruosidad, y mientras saboreo su sangre me consuelo con la idea de que no soy más que un condenado predador. Me levanto, me ducho, saco mis cuchillas y me despojo de mi larga cabellera. Olvidé el camino de salida, pero sin saber cómo, estoy abajo. Paso frente al precavido y dormido recepcionista y me pierdo en el silencio del despoblado amanecer citadino. Por la tarde, el precavido recepcionista del hotel Las Lomas de la calle Colón aparece en televisión, en un escaso reportaje de crónica roja, contando la historia del reciente asesinato de un hombre joven, sucedido al amanecer, en una de las habitaciones del hotel.


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Tú,yo y los taxis.
Febrero 12, 2008, 5:07 am
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Irrumpimos en un taxi. Me encandila el brillo de tu diabólica sonrisa y atrapo pensamientos que el pudor ilumina de rosa. Me quema tu contacto; la sensación de estar en una cápsula nos perturba la piel. En un minuto la impaciencia nos lleva a la puerta de entrada. Hace tiempo que no sentía esta urgencia que al cruzar el umbral es demencia. Nuestra piel de mercurio sobrepasa la excusa del amor y al siguiente minuto llegamos ciegos, mientras desenlazamos nuestras lenguas en el adiós, y subo al siguiente taxi que tomaré hoy.


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Llave
Junio 8, 2007, 3:40 am
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Hace tiempo me encontré una caja. La abrí y estaba vacía. Me di cuenta de que tenía un orificio extraño como para una llave. Recordé que en mis bolsillos llevaba una llave. Busqué en mis bolsillos y la encontré; la introduje en el orificio y para mi sorpresa entró perfectamente, le di vuelta y la sorpresa fue mayor. Tocaba música! La música era hermosa y tan especial que no creo antes haber oido música tan celestial. Escuchando, extasiada, me quedé pensando> A quién pertenecerá esta caja, nunca la había visto antes? Porqué tengo yo la llave? < De repente se desató una tormenta estrepitosa que me asustó. Solté la caja, salí corriendo y mientras me alejaba en busca de refugio pensaba en la hermosa música. A veces me pregunto si aún está allí aquella caja, con esa maravillosa música dentro, en total silencio. Todavía conservo la llave y si encuentro a su dueño, le doy mi llave.


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